Kampo (historia de una crisis)
19/Abril/2008
Vivíamos en el campo
Vinimos a la ciudad
cuando el maíz no crecía
y un ave cantaba allá.
…
La tierra ya no nos daba
lo que queríamos ganar
para hacer dinero entonces
vinimos a la ciudad.
…
La tierra ya no importaba
vinimos a la ciudad
buscando dinero y fama
que no pudimos ganar.
Arco Iris
Los campesinos y el viajero (canción)— 2:18
Sudamérica o el regreso a la Aurora, 1972
Borges
12/Marzo/2008
Moriré realmente el día que muera el último que me recuerde.
Jorge Luis Borges
El Negro
14/Febrero/2008
Intro: Un negro, apesadumbrado por sentirse como un extraño en su propia tierra, siente despertar en su alma el llamado de libertad.
Que yo soy trabajador,
soy obrero, siervo de un patrón, hasta hoy,
hasta hoy, sólo hasta hoy.
Ya no hay nada que parará,
ya no hay fuerza que detendrá
a la luz que siento en mi alma,
al llamado de libertad.
Tanto tiempo esto esperé
tengo fé, de seguiré.
Que yo soy trabajador,
el obrero, siervo de un patrón, hasta hoy,
hasta hoy, sólo hasta hoy.
Arco Iris
El Negro (canción)— 1:54
Sudamérica o el regreso a la Aurora, 1972
Desapariciones
27/Enero/2008
Que alguien me diga si ha visto a mi esposo,
preguntaba la doña,
se llama Ernesto y tiene cuarenta años,
trabajaba de peón en un negocio de autos,
llevaba camisa oscura y pantalón claro,
salió de noche y no ha regresado
y no se ya qué pensar
pues esto antes no me había pasado.
Llevo tres días buscando a mi hermana,
se llama Altagracia igual que la abuela,
salió del trabajo para la escuela,
tenía puestos jeans y una camisa blanca,
no ha sido el novio, el tipo está en su casa,
no saben de ella en la policía
ni en el hospital.
Que alguien me diga si ha visto a mi hijo,
es estudiante de medicina,
se llama Agustín y es un buen muchacho,
es a veces terco cuando opina,
lo han detenido, no sé qué fuerza,
pantalón blanco camisa a rayas, pasó ante ayer.
Clara Quiñones se llama mi madre,
ella es un alma de Dios y no se mete con nadie,
se la han llevado de testigo
por un asunto que es nada más conmigo
y yo fui a entregarme hoy por la tarde
y ahora vi que no saben quién se la llevó
del cuartel.
Anoche escuché varias explosiones,
tiros de escopeta y de revólver,
autos acelerados, frenos, gritos,
ecos de botas en la calle ,
toques de puerta, quejas por dioses, platos rotos,
estaban dando la telenovela,
por eso nadiemiró pa´fuera.
Avestruz.
Adónde van los desaparecidos,
busca en el agua y en los matorrales
y por qué es que desaparecen,
porque no todos somos iguales
y cuándo vuelve el desaparecido
cada vez que lo trae el pensamiento,
cómo se llama al desaparecido,
una emoción apretando por dentro.
Rubén Blades
Desapariciones
Buscando América, 1984
Cable a Tierra (Bendita música)
20/Diciembre/2007
No me preocupa que me echen de aquí
por suerte siempre me he reído de mi
tengo la rabia intacta y no la pienso perder
sigo loco 30 años después.
Con lo que pude, alegría, buena leche y rock and roll
fundé mi vida y el mundo me pegó.
Fito Páez
La casa en las estrellas (fragmento)
El mundo cabe en una canción, 2006
Animaciones
28/Septiembre/2007
Les dejo un enlace para que vean una animación que a mí me gustó. Espero que a ustedes también.
http://www.stupidexe.com/files/engranange.php
LiberARTE 2
13/Mayo/2007
La víbora
Durante largos años estuve condenado a adorar a una mujer despreciable,
sacrificarme por ella, sufrir humillaciones y burlas sin cuento,
trabajar día y noche para alimentarla y vestirla,
llevar a cabo algunos delitos, cometer algunas faltas,
a la luz de la luna realizar pequeños robos,
falsificaciones de documentos comprometedores,
so pena de caer en descrédito ante sus ojos fascinantes.
En horas de comprensión solíamos concurrir a los parques
y retratarnos juntos manejando una lancha a motor,
o nos íbamos a un café danzante
donde nos entregábamos a un baile desenfrenado
que se prolongaba hasta altas horas de la madrugada.
Largos años viví prisionero del encanto de aquella mujer
que solía presentarse a mi oficina completamente desnuda,
ejecutando las contorsiones más difíciles de imaginar,
con el propósito de incorporar mi pobre alma a su órbita.
Y, sobre todo, para extorsionarme hasta el último centavo.
Me prohibía estrictamente que me relacionase con mi familia.
Mis amigos eran separados de mí mediante libelos infamantes
que la víbora hacía publicar en un diario de su propiedad.
Apasionada hasta el delirio no me daba un instante de tregua,
exigiéndome perentoriamente que besara su boca
y que contestase sin dilación sus necias preguntas,
varias de ellas referentes a la eternidad y a la vida futura,
temas que producían en mí un lamentable estado de ánimo,
zumbidos de oídos, entrecortadas náuseas,
desvanecimientos prematuros
que ella sabía aprovechar con ese espíritu práctico que la caracterizaba
para vestirse rápidamente sin pérdida de tiempo
y abandonar mi departamento dejándome con un palmo de narices.
Esta situación se prolongó por más de cinco años.
Por temporadas vivíamos juntos en una pieza redonda
que pagábamos a medias en un barrio de lujo cerca del cementerio.
(Algunas noches hubimos de interrumpir nuestra luna de miel
para hacer frente a las ratas que se colaban por la ventana.)
Llevaba la víbora un minucioso libro de cuentas
en el que anotaba hasta el más mínimo centavo que yo le pedía en préstamo;
no me permitía usar el cepillo de dientes que yo mismo le había regalado
y me acusaba de haber arruinado su juventud,
lanzando llamas por los ojos me emplazaba a comparecer ante el juez
y pagarle dentro de un plazo prudente parte de la deuda,
pues ella necesitaba ese dinero para continuar sus estudios.
Entonces hube de salir a la calle a vivir de la caridad pública,
dormir en los bancos de las plazas,
donde fui encontrado muchas veces moribundo por la policía
entre las primeras hojas del otoño.
Felizmente aquel estado de cosas no pasó más adelante,
porque cierta vez en que yo me encontraba en una plaza también
posando frente a una cámara fotográfica
unas deliciosas manos femeninas me evendaron de pronto la vista
mientras una voz amada para mí me preguntaba quién soy yo.
Tú eres mi amor, respondí con serenidad.
Ángel mío, dijo ella nerviosamente,
permite que me siente en tus rodillas una vez más!
Entonces pude percatarme de que ella se presentaba ahora
provista de un pequeño taparrabos.
Fue un encuentro memorable, aunque lleno de notas discordantes;
me he comprado una parcela, no lejos del matadero, exclamó;
allí pienso construir una especie de pirámide
en la que podamos pasar los últimos días de nuestra vida.
Ya he terminado mis estudios, me he recibido de abogado,
dispongo de buen capital;
dediquémonos a un negocio productivo, los dos, amor mío, agregó,
lejos del mundo construyamos nuestro nido.
Basta de sandeces, repliqué, tus planes me inspiran desconfianza,
piensa que de un momento a otro mi verdadera mujer
puede dejarnos a todos en la miseria más espantosa.
Mis hijos han crecido ya, el tiempo ha transcurrido,
me siento profundamente agotado, déjame reposar un instante,
tráeme un poco de agua, mujer,
consígueme algo de comer en alguna parte,
estoy muerto de hambre,
no puedo trabajar más para ti;
todo ha terminado entre nosotros.
Nicanor Parra
Poemas y Antipoemas
Exvoto
24/Abril/2007
A las chicas de Flores
Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.
Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo que el sexo se les caiga en la vereda.
Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás -empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas.
Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que les pasan la vereda.
Oliverio Girondo
Veinte poemas para ser leídos en el tranvía
Viernes 3 A.M.
7/Abril/2007
Natalia:
te hago una confesión, yo sí he pensado en el suicidio. Pero he
pensado en el suicidio, no en suicidarme. Bueno, sí he considerado
suicidarme, pero lo he considerado como una acción futura y no como una
acción inmediata.
¿Cómo es esto del suicidio programado?¿Qué son estos inventos míos? Te
explico:
1) Hasta el día de hoy pienso que el único motivo que podría llevarme al
suicidio es ese cosquilleo (como un hormigueo), en el estómago, que siento
en situaciones de nervios. ¡Por favor!, ¿por qué tanto lío por un simple
hormigueo?. No Naty, te aseguro que no es un simple hormigueo, es un
hormigueo (ya de por sí bastante molesto) que aumenta al aumentar mis
nervios y como te imaginarás mi estado nervioso aumenta aún más al aumentar
el hormigueo. Es lo que se llama una realimentación positiva (tal vez el
término sea demasiado técnico, pero me parece un buen concepto). Y son estos
estados de realimentación justamente, los que hacen que el suicida decida
matarse. Si algún ruido, una imagen o cualquier otra cosa hiciese volver en
sí, al futuro suicida, seguramente varios de ellos estarían hoy con vida.
¿Acaso no tirarían horrorizados el arma, si la bala no saliese, al sentir el
ruido del gatillo?
2) Naty, siempre quise morir a los treinta y tres (33) años. Esa edad
siempre me atrajo. De chico sabía que a esa edad había muerto Cristo, Bob
Marley, El Che, Hendrix, Jim Morrison, Van Gogh y otros tantos. Era una edad
de la cual no todos pasaban. Pero más tarde fui enterándome que varios de
los personajes anteriores no murieron a los treinta y tres (33), sino que
vivieron unos cuantos años más y entonces, de a poco, esa edad fue perdiendo
su encanto.
(*) “Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me suicido.
Apenas se desvanece la musiquita que nos echó a perder los últimos momentos
cerramos los ojos para dormir la eternidad, empiezan las discuciones y las
escenas de familia.
¡Qué desconocimiento de las formas! ¡Qué carencia absoluta de compostura!
¡Qué ignorancia de lo que es bien morir!”
PD: No tomes esto a la tremenda. Son sólo reflexiones. ¿Reflexiones sobre el
suicidio?¿Qué estás tomando Miguel? Hace un rato quisiste inventar el
suicidio programado, ¿ahora querés patentar el suicidio reflexivo?¿Naty, no
te parece paradójico o tal vez irónico esto de reflexionar sobre el
suicidio?
(*) Espantapájaros 11 (fragmento). Oliverio Girondo
miguel
Acerca de Malvinas
7/Abril/2007
JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD
Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los catógrafos, auspiciaba las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.
Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.
Jorge Luis Borges
Los Conjurados
